SOMA chip existencia
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(Imagen portada: créditos de Frictional Games)

Hablar de SOMA es hablar del sentido de la vida. Este videojuego es como llegar, sin darte cuenta, a encarnar al último «ser vivo» sobre la faz del universo, en el final de los tiempos. Una cuestión muy bien explorada incluso en icónicas series de ciencia ficción como el Doctor Who de la BBC y que ya incluimos en nuestro post sobre obras para viajar a Marte

ADVERTENCIA: Las siguientes líneas contienen spoilers sobre SOMA, Battle Angel Alita: Last Order y Snow Crash.

¿Y sí un día descubrieras que estás muerto? Pero no muerto como si fueras un fantasma y siguieras siendo tú, si no que creyeras ser alguien cuyos recuerdos aún tienes pero que hace mucho que murió. Este es el punto de giro más importante de las dos obras de las que hablamos aquí: Soma y Battle Angel Alita: Last Order.

Battle Angel Alita Nova chip
Battle Angel Alita: Last Order. Yukito Kishiro. "Desty Nova revela su microchip".

En el caso de Alita, los habitantes de Zalem se volvieron realmente locos. Descubrir esta terrible verdad convirtió a los que creían ser la élite desde las alturas de Zalem … en víctimas de su propio maniqueísmo. Ni eran la élite que creían ni tenían el control que creían tener. Un día la humanidad se levantó y dijo, ¡voilà, tengo un chip en el cerebro! Probablemente todo tipos preguntas invadieron sus «mentes», y muchos no lograron lidiar con su no-existencia. ¿Yo soy yo?, ¿cuándo morí si es que viví alguna vez?, ¿tiene sentido replicarme? 

Y es que si únicamente fuéramos datos replicables, nuestra existencia tendría menos valor, ¿cierto? En SOMA esto fue abordado haciendo que las «mentes» humanas implantadas en robots se mataran entre ellas hasta sólo quedar una por «mente». Se trató de evitar la duplicidad a toda costa, como intento desesperado de salvaguardar el sentido del yo. ¿Pero hasta qué punto tiene sentido hacer esto?

Durante todo el videojuego de SOMA, el protagonista muere en 4 ocasiones, y lo más gracioso de todo, es que en al menos 2 ni siquiera es consciente de ello. Si de repente te levantas un día y tu último recuerdo es haberte acostado la noche anterior, la continuidad aparente no va hacerte reflexionar sobre si estás vivo o muerto, o si tu yo pasado murió mientras dormía, por lo que, ¿acaso la mejor solución a todo este embrollo no es ocultarle a tal persona que está muerta?

Esa fue la solución que propusieron en Zalem, y que durante mucho tiempo funcionó … y funcionó muy bien. Hasta que fue destapada, claro.

Pero SOMA va más allá, y hace que el protagonista se plantee al final de su camino. Es el último ente existente no inserto en un mundo digital («El Arca»). Tiene que plantearse si merece la pena duplicarse para viajar a «El Arca», a cambio de morirse en una nave aislado por el resto de sus días. Esta decisión, te pertenece a ti cómo jugador. Y es que, ¿qué harías si tuvieras la oportunidad de hacer que una versión de ti de la que nunca sabrás nada sea feliz en otra parte incluso a cuenta de tu propio sacrificio? Cabe añadir, que en cualquier caso, este ente tampoco tenía muchas más opciones. Se había quedado sólo en el universo … 

La ansiedad en torno a la vida

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Battle Angel Alita: Last Order. Yukito Kishiro. Capítulo 104: Nice Joke. Portada de manga.

Una de las pruebas a las que se someten los humanos que descubren tener uno de estos biochips es la de «resistirse a su propia naturaleza», rompiendo su propio código moral para probar su libre albedrío. En Zalem, muchos «humanos» se suicidan al conocer su condición no humana, desencadenando este intento de resistirse al conocimiento de la no-existencia. 

¿Pero qué pasa con Alita? Ella termina aprovechándose de ser puro «data» para tomar sistemas que antes no podría. La mente fría de un chip de silicio parece encajar mucho mejor con esta conclusión en una «máquina». Tal vez sea esta la voluntad que se espera de alguien que «no sueña con ovejas eléctricas». Y es que en 1968 Philip K. Dick ya reflexionaba sobre la omnipresencia del ser en esta obra, que dio originen a Blade Runner, la película dirigida por Ridley Scott en 1982.

Concretamente, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, habla de la existencia de seres que no llegan a ser robots, sino androides. Caracterizados por su composición a medio camino entre lo biológico y lo robótico. El género cyberpunk retuerce estas ideas hasta extremos insospechados, comúnmente desde una concepción distópica (o tal vez no tanto) de pesimismo ante el valor de la vida.

¿Es un chip por cerebro una carencia de vida?, ¿justifica esto suicidarse al descubrir que no tienes cerebro? En un mundo donde tener cerebro constituye muchas veces más un problema que una solución, podría pensarse que es descabellado «querer morirse por no estar vivo», por paradójico que suene. 

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Battle Angel Alita: Last Order Omnibus VOL. 1. Yukito Kishiro. Página 8.

Lo cierto es que todas cuestiones abren la posibilidad a múltiples escenarios, cada día menos lejanos. Inteligencia Artificial, chips de aumento, o incluso nuestros mismos aparatos electrónicos: móviles y ordenadores, se han convertido en una extensión de nosotros mismos. Ya nos estamos convirtiendo en un hombre-máquina. Aunque al igual que los protagonistas de estas historias no nos estemos dando cuenta de que lo hacemos. En informática, un Sistema Informático no es sólo un ordenador y sus componentes, si no también su interacción con el entorno, con sus límites y con el internet de las cosas. Y si bien obras como Neon Genesis Evangelion reflexionan sobre los límites (o ausencia de ellos) de la identidad de los humanos insertos en una masa de sociedad, 

Alita y SOMA hablan de cómo un chip neuronal o biochip puede llevarnos a concebir esa identidad como algo extracorpóreo

El cómo algo que va más allá de los límites de nuestra conexión con el entorno, y forma parte de él. Es decir, Alita no sólo acepta su condición de no-humana, sino que entiende que al poder transformar el mundo con su «data», ella puede transformar el mundo. Se vuelve una «hacker» del sistema, a la par que pasa a formar parte del sistema. Esto no es algo muy distinto a lo que ya ocurre en la vida real, en la sociedad; y para ejemplificarlo recurriré a una de las novelas más icónicas del cyberpunkSnow Crash

Snow Crash cyberpunk
Snow Crash - Neal Stephenson. Portada libro 1992.

Snow Crash: el cyberpunk desde la neurolingüística

El título de Snow Crash traducido vendría a ser «choque de nieve». Hay una analogía entre lo que sería dicho choque de nieve respecto de una droga. Pero se trata nada más y nada menos de que un código QR para la mente humana. Según esta novela una imagen con un mensaje subliminal entendible en algún lenguaje humano podría activar determinadas conexiones en tu cerebro que te hicieran desarrollar ciertas conductas. Tal vez esto sea un supuesto imposible, pero es interesante cómo la obra juguetea con la idea de virus lingüístico. En Snow Crash dicho virus es una idea muy fuerte que se apodera de la mente, algo intrínseco a la propia naturaleza del lenguaje. Algo que bien podría ser la religión. 

Es decir, la religión, ¿podría existir sin el lenguaje?, ¿podríamos considerar por tanto a la religión como un producto de las limitaciones del lenguaje?, ¿es ésta una droga (literalmente) para la mente? Si lo valoramos así, el lenguaje no deja de ser una herramienta más que nos es útil. El ser humano, como todas las especies ha evolucionado por selección natural, al igual que el propio lenguaje. Muchas palabras han muerto, han variado, al igual que las reglas de sintaxis, y como todas las cosas inherentes al ser humano se han tenido que adaptar al medio.

Ahora bien, consideremos la existencia de los virus lingüísticos. ¿Cómo los diferenciamos? Estaríamos considerando que estamos enjaulados por las reglas de nuestro propio lenguaje, hasta el punto de cabría preguntarse si no podría la misma idea de virus lingüístico considerarse … un virus lingüístico. Pero en cualquier caso, lo importante, es que las ideas, a través del lenguaje son procesadas y comunicadas. Como si fuéramos ordenadores en una red de nodos. Esto significa que para nosotros, al igual que en un Sistema Informático, nuestros límites como persona son en tanto afectamos a los demás, retroalimentando a la sociedad, formando parte de ésta. 

Así pues, no es una descabellada analogía hablar de virus entre personas y de cómo el «data» de Alita se integra en un sistema informático, porque a fin de cuentas, estaríamos hablando de lo mismo. El posthumanismo está más presente que nunca si atendemos a que cada vez resulta menos irrisorio comparar el comportamiento humano con la informática. Pues a fin de cuentas, ¿no se parece un hijo a sus padres?